El final de la EEI, símbolo de una era de cooperación internacional
El final programado de la Estación Espacial Internacional (EEI) en 2030 marca también el de un cuarto de siglo de cooperación entre países en el espacio, un sector que se ha vuelto más que nunca crucial.
"Es un momento muy interesante en la evolución de la exploración", considera Lionel Suchet, director general delegado del Centro Nacional francés de Estudios Espaciales (CNES), en declaraciones a AFP.
"La historia de los vuelos tripulados es, ante todo, la carrera espacial. Los rusos se centraron en los vuelos de larga duración, con estaciones. Los estadounidenses, en los vuelos de corta duración, con la Luna. Eran dos vías separadas y una lógica de competición", explica este ingeniero que coordinó numerosos proyectos durante los primeros años de la EEI, poco después de haber visto cómo se desorbitó la estación Mir, la antecesora rusa de la EEI, en 2001.
"Uno de los puntos positivos de la EEI es que construimos un programa de cooperación, el único que sigue existiendo hoy", apunta.
- "Catedral" -
"La EEI es una catedral dedicada a la cooperación humana y a la colaboración más allá de las fronteras, las lenguas y las culturas", afirma por su parte John Horack, exdirector de la división científica y de sistemas de misión de la NASA.
"Desde hace más de 25 años, tenemos gente en el espacio las 24 horas del día, los 7 días de la semana, los 365 días del año. Esto demuestra que podemos encontrar soluciones en lugar de pelearnos cuando deseamos interactuar unos con otros", insiste Horack, titular de la Cátedra Neil Armstrong de Política Aeroespacial en la Universidad Estatal de Ohio.
Pero lógicamente el material se ha ido deteriorando con el tiempo.
La NASA anunció en 2024 que había elegido a SpaceX, de Elon Musk, para construir un módulo capaz de impulsar la EEI --de un tamaño parecido a un campo de fútbol-- hacia la atmósfera terrestre, lo que permitirá destruirla tras ser retirada en 2030.
"Este módulo reducirá la velocidad de la EEI y permitirá una entrada precisa sobre el océano Pacífico, lejos de la tierra firme, de poblaciones y de cualquier otro peligro potencial. Varios grandes artefactos espaciales, entre ellos la Mir y el Observatorio de Rayos Gamma, fueron desorbitados de este modo, aunque la EEI es mucho mayor que esos dos últimos", explica Horack.
- Privatización del espacio -
Después de 2030, China será el único país que posea una infraestructura de este tipo en órbita baja, con su estación Tiangong.
Estados Unidos apuesta por estaciones espaciales privadas, que podrían acoger tanto a astronautas de la NASA como a otros clientes.
"Entramos en una era en la que las estaciones espaciales --como las lanzaderas, los satélites-- tendrán una dimensión mucho más comercial", estima Horack.
"Serán construidas y explotadas por empresas privadas, a menudo compañías que colaboran a escala mundial, cuyos clientes serán las agencias espaciales nacionales, los programas espaciales...", añade.
Varias empresas estadounidenses ya trabajan en estos proyectos, entre ellas Axiom Space y Blue Origin. También es el caso de compañías europeas.
Pero "el modelo de negocio será ampliamente institucional porque sabemos que a los países siempre les interesa enviar astronautas en órbita baja", matiza Suchet.
"Termina una era", zanja por su parte Horack. "Debemos crecer como seres humanos en nuestra capacidad para viajar por el espacio y en el uso del espacio para mejorar la vida social, económica, educativa y la calidad de vida de todos, en todas partes del mundo", concluye citando al exdirector de la Agencia Espacial Europea Jean-Jacques Dordain: "Si quieres ir rápido, ve solo. Si quieres llegar lejos, vayamos juntos".
I.Frank--MP